«La grandeza nace de pequeños comienzos»

Bienvenido a La Hermandad, la newsletter de Fitness Real.

Una newsletter dedicada exclusivamente a ayudarte a alcanzar la persona que sabes que puedes llegar a ser.

Espero que la disfrutes, que aprendas y que luego lo pongas en práctica.
Y gracias de corazón por estar ahí una semana más.

¡Empezamos!

Hoy quiero contarte un aprendizaje muy importante que me enseñó mi hija mayor hace un poco menos de 4 años y que mi hija pequeña me la ha vuelto a recordar durante esta última semana.

Hablaré de la situación en concreto para crear contexto, pero luego verás que la lección que subyace es extrapolable a la vida en general, no solo a la paternidad.

Y debo añadir que es una lección muy importante.
Vamos a ello.

Mi mujer y yo llevamos algo más de una semana destetando a mi hija pequeña por la noche. Es decir, durante el día hace pecho a demanda pero al llegar la noche le cortamos el grifo, por decirlo de alguna manera.

Esto lo hacemos para que pueda dormirse sin depender del pecho y darle a mi mujer un merecido descanso por la noche que se merece con creces.

Aplicamos lo que se conoce como el «plan padre» o «método padre». Básicamente lo que significa es que cuando la peque se despierta por la noche pidiendo teta soy yo el que se encarga de calmarla y dormirla otra vez.

El destete era un momento que nos ponía francamente nerviosos, ya que mi hija pequeña (por varias razones relacionadas con la enfermedad que tiene y los primeros meses de vida que le tocó vivir) ha creado un vínculo muy fuerte con mi mujer y, sobre todo, con el pecho.

Es su salvación.
Es su manta de seguridad.
Lo reclama cada dos por tres.
Y cuando no lo tiene…muestra todo su carácter.
Un carácter verdaderamente difícil cuando está cabreada y que es nuestro trabajo ayudarla a regularlo poco a poco.

Por lo tanto, teniendo en cuenta que yo iba a ser el encargado de gestionarla por las noches al retirar el pecho…estaba nervioso. Se me hacía un nudo en el estómago al pensar en ello, no te voy a engañar.

Recuerdo que me pasó lo mismo con su hermana mayor. Aplicamos el mismo método y, varios días antes, ya estaba sufriendo pensando en lo difícil que iba a ser, en los dramas que montaría, en lo complicado que se me haría calmarla y dormirla, en que no dormiría apenas…

Días enteros rumiando y sufriendo por algo que aún no había pasado.

Y cuando llegó el temido día en el que las noches iban a ser un caos absoluto y mi descanso se iría al traste…no ocurrió nada. Es decir, la primera noche se mosqueó un poco y tardé un rato en calmarla, pero al cabo de dos días entendió que por la noche ya no había pecho y se adaptó sin problemas.

Mi mujer y yo nos quedamos a cuadros pensando en lo mucho que nos habíamos preocupado por lo que acabó siendo nada.

Esta, por cierto, no fue la última vez que nos ocurrió algo parecido con mi hija mayor.

Cuando la destetamos completamente nos preocupamos…y no pasó nada.
Cuando la llevamos a la guardería pensamos que costaría mucho que se adaptara…y no fue tan grave como nos lo habíamos imaginado.
Cuando se quedó a dormir por primera vez fuera de casa…estuvo encantada.
Y podría poner muchos más ejemplos en los que la realidad nunca superó la ficción.

Y con su hermana pequeña hemos vuelto a caer en el mismo error.
Pensábamos que estaba justificada la duda, ya que mi hija pequeña es muy peleona. Es muchísimo más difícil que su hermana (están a años luz) y pensábamos que iba a ser un auténtico drama.

Y resulta que no.

A ver, está siendo más complicado que el destete de la mayor, pero nuevamente…nada que ver con la película que yo me había montado en mi cabeza. Y todo el sufrimiento, los nervios, las dudas que me había creado han acabado siendo innecesarios y, sobre todo, gratuitos.

Esta dinámica no ocurre únicamente con la paternidad ¿cierto?

Todos nos montamos películas en nuestra cabeza, nos ponemos en el peor de los escenarios, estamos seguros que si algo puede salir mal, saldrá mal.

Y, al pensar así, adelantamos acontecimientos.
Sufrimos innecesariamente.
Nos agriamos la sangre.
Nos llenamos la cabeza de películas.

¿Te sientes identificado en lo que estoy diciendo?
Pues déjame decirte que no estás solo.
Mucha gente se hunde en el catastrofismo y en el pesimismo.
Se regodean en las desgracias que su imaginación crea para ellos.

Ojo, creo que pecar de lo contrario es igual de contraproducente. Que todo lo malo te pille de sorpresa porque ni siquiera lo habías concebido como una alternativa es igual de perjudicial.

Cuando suceden cosas malas que ni siquiera te habías planteado que podían ocurrirte…la hostia que te llevas es tan grande que te puede dejar tendido en el suelo e incapaz de levantarte. Es como cuando te dan un puñetazo por la espalda.

La virtud, como suele ocurrir, se encuentra en el punto medio.
En esperar lo mejor, pero prepararte para lo peor.
En entender que lo malo puede ocurrir, pero que es nuestro deber no añadir nada antes de tiempo.

Como decía Seneca: «Sufrimos mucho más en nuestra imaginación que en la realidad».
El astronauta Chris Hadfield una vez dijo lo siguiente: “Es importante recordar que no hay problema tan grande que no lo podamos empeorar”.

Y eso ocurre demasiadas veces en nuestra mente.
Y los únicos responsables somos nosotros.

En la newsletter de hace quince días os hice la siguiente pregunta:

«De qué cicatriz estás verdaderamente orgulloso porque te ha convertido en la persona que eres hoy?»

Las respuestas que he recibido han sido fascinantes de leer.

Julen dice: «Literalmente hablando, tengo una cicatriz en la boca por una pelea estando de fiesta. No es algo de lo que me sienta orgulloso, pero por muy raro que parezca, me siento agradecido ya que desde ese entonces mi cabeza hizo «click» y dejé de salir de fiesta y de beber alcohol.

La vida no es justa y te da muchos palos, pero la clave está en saber recibirlos, aprender una lección de ello y seguir adelante cueste lo que cueste».

Ricard comenta: «Mi ex-pareja decidió separarse cuando estaba embarazada y pasé los dos peores años de mi vida. Esa circunstancia vital me hizo crecer brutalmente a nivel mental y conocerme a mí mismo.

Ya hace 7 años de eso y puedo decir que soy muy feliz de quien soy, tengo una hija que me adora y una relación excelente con su madre, como hemos querido que ella lo perciba siempre.

Toda esa tormenta me hizo crecer a pasos agigantados e ir saliendo del pozo pasito a pasito hasta conseguir ser quién soy a día de hoy».

Meritxell explica: «La cicatriz estoy verdaderamente orgullosa porque me ha convertido en la persona que soy hoy está relacionada con mi última ruptura amorosa, ya que gracias a ella toqué fondo, sufrí las noches y días más oscuros, me convertí en una extraña para mi, mendigué, me infravaloré, me expuse a todo tipo de manipulaciones y le cedí todo el poder a él, quedándome NADA para mi, ni yo misma.

Y digo gracias porque tanto dolor solo pudo llevarme a buscar, a remar, a sentir… todo tipo de respuestas que hoy han hecho de mi una mujer completa y la consecuencia ha sido: obtener el trabajo de mis sueños, en la ciudad de mis sueños, con la vida tranquila y plena de mis sueños y levantarme cada día con la sensación de abundancia. Eso sí, han sido 3 años de pico-pala».

De verdad, los pelos de punta.
Gracias a todos por compartir vuestra vulnerabilidad y vuestras cicatrices.
Sin duda, el obstáculo es el camino.

La pregunta de esta semana está relacionada con la reflexión anterior, y es la siguiente: «¿En qué momento de tu vida has sufrido excesivamente en tu imaginación y luego, al llegar el momento en la vida real, no ha sido para tanto?»

Coméntame tus experiencias respondiendo a este correo.
Los leo todos.

Gracias una semana más por participar y formar parte de «La Hermandad».

Un sabio budista convocó un concurso de pintura al que acudieron muchísimos artistas de todos los rincones del mundo. La temática del concurso era «La serenidad»

Los pintores comenzaron a plasmar lo que ellos entendían por paz a través de hermosos paisajes: atardeceres cálidos sobre montañas altísimas, o bien rayos de sol acariciando las más bellas flores.

Sin embargo, uno de los pintores creó un cuadro muy diferente al resto. Su paisaje mostraba un cielo enfurecido, nubes amenazantes, relámpagos y un acantilado sobre el que caía una imponente cascada de agua.

El supervisor de las obras pensó que se había equivocado de temática y decidió no presentarlo para su evaluación final. El maestro budista comenzó a mirar los cuadros que se habían presentado al concurso, pero no conseguía encontrar la obra perfecta.

– ¿No se ha presentado nadie más?- preguntó.

– Bueno, solo queda un cuadro, pero no tiene nada que ver con la temática que habíamos pedido… – dijo el supervisor del concurso.

– Sea como sea, si se ha presentado, tiene derecho a que su obra esté entre todas estas. Deja que lo vea…

Entonces, llevaron el cuadro del mar embravecido hasta el maestro y después de observarlo, sonrió:

– Al fin tenemos al ganador.

– Pero… ¿cómo? ¿Este cuadro representa la serenidad perfecta? ¡No puede ser! – exclamó el supervisor.

– Sí, lo es… si te fijas, entre las rocas del acantilado y bajo la cascada de agua hay un pequeño pájaro que descansa en su nido ajeno al viento y a la tormenta. Este es sin duda el mejor ejemplo de la serenidad.

Hace mucho tiempo que no comparto ningún vídeo épico de estos que me gustan a mí (y que sé que a muchos de vosotros os gustan también), por lo que hoy os dejo por aquí uno de los mejores vídeos que he visto de Kratos, uno de los personajes más interesantes y bien construidos de los últimos años.

La música es espectacular, y Kratos es un ejemplo fantástico de lo mucho que alguien puede cambiar si se lo propone, y que todos podemos encontrar la redención.

Espero que os guste.

PREGUNTA:
Víctor ¿Qué hacer cuando parece que todo está en mi contra?

RESPUESTA:
Creo que todos hemos pasado alguna época en la que hemos sentido que absolutamente todo está mal y parece que el universo esté determinado a jodernos la existencia.

Aquí existen dos posibilidades:
1) Que realmente todo se esté cayendo a pedazos a tu alrededor y al universo le caes mal.
2) Que sea tu perspectiva.

Déjame decirte algo: en muy pocas ocasiones nos encontramos con la primera posibilidad. Bueno, lo del universo nunca es cierto, ya que al universo le importamos tres pimientos. Me refiero a sentir que todo está mal. Lo que en realidad está ocurriendo suele ser una falta de perspectiva por nuestra parte.

De hecho, tú misma lo has dicho: «parece que todo está en mi contra».

Es tu interpretación de la realidad la que te hace ser catastrofista, ver principalmente lo malo y magnificarlo hasta que es lo único que ocupa tu campo de visión.

Cuando estás en una situación así lo primero que debemos hacer es asegurarnos que tenemos una buena perspectiva. Es decir, que somos capaces de mantener la objetividad y la calma. En estos momentos es fácil dejarse llevar por los sentimientos y las emociones, pero creo que hay que hacer un esfuerzo para que nuestra mente sea el que lleve las riendas.

Es decir, toca evaluar con objetividad lo que está ocurriendo y fijarnos mucho cuando usamos palabras absolutistas como siempre, nunca, todo, nada, etcétera.

Si lo hacemos veremos que no todo está mal.
Hay algunas cosas que están mal.
Y al poner perspectiva y tener claro lo que está mal, podemos trazar un plan para mejorar la situación.

Sin embargo, hay veces que es la primera alternativa.
Hay ocasiones en las que realmente estamos en una tormenta de tres pares de narices.

La única manera que he encontrado de hacer frente a las etapas verdaderamente oscuras de nuestra vida es centrarse en lo que tienes delante AHORA. El miedo y la parálisis aparecen, en gran medida, cuando perdemos el foco en el ahora y nos fijamos en todo lo que nos rodea y todo lo que no está yendo bien.

Es abrumador.
Es aterrador y puede paralizar.
Lo entiendo perfectamente.

El ahora es mucho más manejable. Del mismo modo que si quieres construir el mejor muro posible te debes centrar en poner el ladrillo que tienes en la mano de la manera más perfecta que puedas, para enfrentarte a los peores obstáculos de la vida tienes que hacerlo paso a paso, día a día, hora a hora.

¿Qué puedo hacer ahora? Pues voy a hacer eso de la mejor manera que pueda y luego me centraré en el siguiente paso cuando llegue.

También he descubierto que centrarte en el ahora y no perderte en la inmensidad de la situación en la que te encuentras te permite ver pequeños momentos de luz que puedan aparecer (y aparecen, créeme) delante tuyo a lo largo del camino y que, si tuvieras la vista demasiado puesta en el horizonte, te podrías perder.

Espero que te haya ayudado.

«El problema no es apuntar demasiado alto y fallar.
El problema es apuntar demasiado bajo y acertar».
Miguel Ángel Buonarroti
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Publicado el 4 de abril de 2024Categorías: La Hermandad0 Comentarios on LA HERMANDAD – 4 de abril de 2024

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Sobre el autor: Víctor

Me llamo Víctor y soy el creador de fitnessreal.es Llevo más de 12 años en el gimnasio y si de algo me he dado cuenta es que en el mundo del gimnasio y la nutrición lo que más abunda es la desinformación y los mitos absurdos. Por eso creé Fitness Real, para ayudar a la mayor cantidad de gente posible a no cometer todos los errores que yo sí he cometido y hacer más sencillo y gratificante un camino de por sí plagado obstáculos y sacrificios, pero aún así increíble y lleno de satisfacciones.

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